Recibimos una nota escrita por el compositor, cineasta, escritor y filósofo Rodolfo Garavagno, quien nos habla de su padre: OSMAR GARAVAGNO. Para que no pierda el genuino sentimiento derramado en estas palabras, hemos decidido no transformar ninguno de sus párrafos. Bien sabemos que Rodolfo suele escribir sin borrador previo, y que tal cual lo hace siempre que envía una carta__casi amistad__no le preocupan a él los errores de sintáxis, ni los giros preciosistas, de los que, en estas circunstancias suele precindir. La reproducimos tal cual la mandó, entonces:
Sigo extrañando muchísimo a mi padre. No al padre que tan poco tiempo pude conocer, puesto que murió cuando yo tenía 13 años, sino al padre que pude haber tenido, al que imagine cientos de veces a mi lado, a ese padre que no existió pero que mi fatasía colocó a mi lado. El padre que me hubiese defendido tantas veces. Porque… ¡ Cuantas cosas feas me pasaron por ser huérfano de padre !
Difícil explicar esto que acabo de decir, pero no por eso increíble. ¿Como puedo yo extrañar a mi padre hoy, si dejó de existir hace mas de cuatro décadas? Como filósofo, puedo dar una respuesta. Para un hombre de ideas transportar personas y cosas por los rincones de cualquier época nunca es imposible. Y yo, con mi fatasías, puedo colocarlo a él en donde se me ocurra.
¿Como no imaginar a mi pobre padre en el Hall de Sadaic conversando con autores, cantantes y músicos, si él amaba todo ese mundo al que no llegó a tener acceso por no intentarlo? Si yo estoy aún ahí porque no podría haber estado él, acompañandome? ¿Como no imaginarlo conversando con Pichuco, su gran ídolo, si yo llegue a sentarme a tomar café con él? ¿Como no verlo entre los cantantes de tangos si he sido amigo de decenas de celebridades? …¡Y mi padre tenía mas condiciones que yo para relacionarse! Era un relator de cuentos picarezcos que siempre se convertía en el centro de atención de toda fiesta. Un bromista incansable. Alguien simpático, seductor. Un hombre con un carisma muy parecido al Humprey Bogardth, pero con tupidos bigotos y una facilidad enorme para el cuento acompañado de la risa contagiosa.
Era criollo. Hijo de padre casi piamontes y de madre andaluza. Desfachatado para hablar con las mujeres del barrio en las fiestas, cosa que me despertaba tremendos celos.
Y mi padre fué cantor de orquesta. Tocaba también el contrabajo, la batería. Lo testimonia un cuadro sacado en Teodelina cuando integraba la orquesta de Olocco. Y amaba a los artistas. Él siempre que se encontraba con algun famoso se ponía a conversar y cuando llegaba a casa lo primero que decía es “sabes con quien me encontré hoy”? Paradojicamente, yo debo haber salido igual, porque siempre me encontre con todos, como si ellos vinieran a mi, aun en la mismísima Hollywood. ¡ Lo que hubiese llegado a ser mi viejo, que escribía letras, de haber vivido aunque sea 20 años mas! Por eso me lo imaginé en Sadaic. Si soy socio desde hace casi 40 años, como no imaginar a mi pobrecito viejo, también socio, como yo…?
Mi papá era guarda de encomiendas del Ferrocarril San Martin. A veces, también trabajaba en trenes de pasajeros locales. Peronista militante. Militante de fierro. Valiente. Compañero de Lorenzo Pepe en Santos Lugares, donde viviamos antes de venir a Trujuí. Mi padre fue uno de los que resistió la maldidta revolución del 55, y vaya si le costó! Se salvó milagrosamente de ser fusilado, pero igualmente, ellos se la cobraron. Porque a pesar de la persecución, de las proscripciones, mi viejo siguio siempre reuniendose en forma clandestina, con Pepe, con Csrisófoli, con sus otros amigos. Mi viejo veía siempre las películas que enviaba el General desde Madrid para que sus seguidores supieran como estaba, y lo contaba sin miedo por todas partes, aun en épocas de Aramburu y de Rojas. No podían con él, porque era tan querido, que todos lo protegían.
Durante el gobierno de Frondizzi, ellos tuvieron la oportunidad de tomarse revancha. Hubo una huelga de ferroviarios, y el gobierno ordeno cortar la huelga, amenazando con llevar a la cárcel a los que se plegaran. Mi padre se jugó y no se presentó a trabajar. Vinierona buscarlo en un camión y se lo llevaron. De aqui de Trujuí.
Nunca puedo olvidar los días que ibamos con mi vieja de cuartel en cuartel para saber en donde lo tenían prisionero. Por momentos pensabamos lo peor. Mi vieja lloraba. Estuvimos mas de un mes sin verlo y sin saber donde estaba. No se informaba sobre el paradero de los ferroviarios rebeldes, como decían los diarios de entonces.
Nuestro vecino, Jorge Oga, era suboficial en la Escuela de Comunicaciones de Campo de Mayo, y un día vino todo entusiasmado a decirnos que papa estaba ahi, y que él podía conseguirnos permiso para visitarlo.
Fuimos a verlo un domingo por la tarde. Ahi estaban los ferroviarios rebeldes y mi viejo. Con ropas de soldado, el pelo rapado y sin bigotes, con sus compañeros, los guardas de la Union Ferroviaria. Los obligaban a hacer fagina de soldados , siendo que la mayoria de ellos había cumplido el servicio de militar, y bordeaban los cuarenta años. Una noche los despertaron a las 3 de la mañana, para hacer los típicos “cuerpo a tierra”, “carrera mar”, y “salto rana”. Mi viejo, cansado de la humillación a la que estaban siendo sometidos, se le paró firme al cabo y le dijo que terminara de una vez de forzarlos de manera perversa. El cabo le preguntó con voz marcial:
__Que le pasa a usted? No será peronista ,no?
__ Hasta los huesos!, le respondió mi viejo con firmeza.
De pronto sintió un fuerte golpe en la espalda que lo hizo caer al suelo. Otro militar le había dado un violento culatázo en la espalda, a punto tal de dejarlo casi desmayado.
Libre, ya, volvió al trabajo. Pero nunca se le fué el dolor de ese culatázo. No muchos años despues. Quiza cinco o seis, solamente, mi viejo viajó, como era su costumbre, a Laboulage y tuvo que volver porque sentía un fuerte dolor en el pecho. Año 1963. El médico que hizo este diagnóstico, tardo mas de 15 dias en venir a casa con un aparato de electrocardiogramas portatil de aquel entonces. Había tenido un infarto y tuvo que guardar cama unos cuantos meses. Luego, al ser dado de alta, retomó su trabajo, pero cumpliendo su rutina en la oficina de guardas de la Estación Retiro.
En Agosto de 1964, mi madre me despierta a las 4 de la mañana para llamar al médico porque mi viejo tenía un dolor en el pecho. Fuí a buscar al Doctor Di Stassi, al cruce. (No había otro médico, porque Festa ya vivia en Capital). El médico vino y al revisarlo dijo que tenía una arteria tapada, pero ahi lo dejo. ¿Se podía hacer otra cosa en ese entonces? No lo se. Y asi continuo con ese dolor. En esa época nosotros teníamos un kiosco almacén y mientras mi madre cuidaba a mi padre yo me encargaba de atender a los clientes. A eso de las 11 de la mañana mi madre empieza a gritar diciendo que mi papá se moría. Yo corri y lo vi estirandose y dando vuelta los ojos. Corri al cruce a buscar nuevamente a Di Stassi. Cuando el médico vino, mi padre estaba como desvanecido. Quejandose, y con los ojos dados vuelta. Allí estaba Esther Ocariz y otros vecinos. Cuando Di Stassi salió del dormitorio habló justamente con Esther. Pero ella nada nos dijo. Y comenzaron a venir mas vecinos y parientes. Yo, desesperado, preguntaba cuanto podía tardar en recuperarse y la enfermera Dorita Balado, con el rostro de preocupación me decía “Yyyy… dentro de las 48 hs.” ….Esa noche me llevaron a dormir a lo de mi tío Peco, en lo de Louro, justo ahi, en el cruce. A eso de las 7 de la mañana, vienen a buscarme mis tíos Jorge, Negro y Peco. Me suben al Ford A modelo 25 que era de nuestra propiedad para llevarme a casa, diciendome que mi padre estaba mal. Antes de arrancar, mi querido tío Jorge , estallando en lágrimas, me dice…..”Tu papito se fué”.
Cuando llegue a casa me llevaron al dormitorio y ahi lo vi muerto sobre la cama a mi papito. Horas despues prepararon el velatorio, por donde desfiló todo el Trujuí de entonces. Vino tambien ese viejo compañero de andanzas llamado Lorenzo Pepe, hoy convertido en casi un mito del peronismo, junto a Crisófoli y Di Maulo.
Años antes había muerto tragicamente el Beto Sanchez, de 23 años, (asesinado por cuestion de polleras), y su féretro había sido llevado de a pié hasta el Cruce a lo largo de 7 cuadras de macadán.
Con mi padre sucedió exactamente lo mismo. También fue llevado caminando cuatro cuadras, distancia entre el Cruce y mi casa, desde Las Baleares (hoy Etcheverria), hasta la ruta. Las persianas de los pocos comercios de entonces se bajaron . Este tipo de despedidas, solo volvió a repetirse pocos años despues, cuando murio Francisco Ocariz, amigo entrañable de mi padre y fundador número uno de la Sociedad de Fomento Julio A. Roca.
Mi tía Yolanda, hermana de mi papito, me dijo que luego del infarto, ella había visitado a una curandera de Arribeños, y que la mujer, al ver la foto, le dijo: “Es hombre tuvo un fuerte golpe en la espalda”. ¿El culatázo que le dieron en el Cuartel de Campo de Mayo cuando estuvo detenido, quizá? La medicina cardíaca de entonces era rudimentaria. El genial René Favaloro aún no había hecho su aparición en la escena científica del mundo.
Mi papa solo tenía 40 años. Había nacido en Ascension, General Arenales, y descansa en Moreno.
Rodolfo Garavagno
Enero 2013
Enero 2013
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